Al pasar de los años, he podido llevar sobre mis ruedas a muchísimas personas, siendo en su mayoría universitarios, con el sueño de un país mejor, en donde cada discusión o conversación me engrandecían y hacían de por sí, un viaje más ameno en mí. Pero, realmente pasan situaciones difíciles, de las que he podido presenciar, la más escandalosa, y aquella que me ha marcado como un “burro histórico” , pasó en los tiempos de la muerte y la angustia. Sí, el terrorismo. 

Es entonces, que, durante una noche, viajando por la ruta de siempre, los estudiantes estaban en la parte trasera en un tumulto insufrible, cargada de risas y gritos. Yo lo oía todo. Pero, había uno que miraba a través de mis lunas, sollozando y pensando sobre la situación de nuestro país. Cada coche que explotaba, cada casa siendo perpetrada, cada familia corriendo, de aquí para allá, no podría uno quedarse sin pensarlo.

Así, en cada parada se iba bajando un grupo de universitarios, y a su vez, en mi interior, se iba dando un silencio tenue, en donde apagaba mis luces internas para que nadie sospechara que llevaba gente adentro, para que no se cometieran atrocidades sobre mí. Pero, sin darme cuenta, un chico cabizbajo, seguía en la parte de atrás, ¡quién sabe qué pensamientos aguardaban en su mente!, ¿cabe la posibilidad de que estaría tramando algo?, o simplemente se habría olvidado el paradero en el que debía bajar. 

Y, de pronto, ingresó, bruscamente, un hombre, obstaculizando mi ruta. Paralicé, frené en seco. Llevaba sentado junto al chico cinco minutos o más, y no le hizo conversación alguna, de hecho, ni lo miró, no tenía porqué. Pero de un momento a otro, le preguntó a hurtadillas, quizás la hora. Aunque lo cierto es, que la respuesta del chico fue la que desencadenaría en una fatalidad. 

No hubo forcejeos, ni maniobras para evitar su deceso. El universitario, un pensador cualquiera, se vio en la resignación de aceptar la muerte. Y, de esta manera, sentí como la sangre recorría sobre mis asientos, pero a su vez, las pisoteadas veloces de dicho hombre, quién sabe quién fue, saliendo de mí e introduciéndose en la oscuridad de la noche. 

No deseaba regresar a la universidad. Sentir a muchas personas preocuparse sobre lo sucedido, pues sabía que quizás no volvería a circular jamás como si quisieran adelantar el tiempo de vida que me quedaba, aunque lo cierto era, que para ser chatarra me faltaba mucho.

Esta historia jamás se llegó a contar, quién sabe el porqué, aunque es muy seguro que a muchos les convenía que esto no sobrepasara más que una noticia de todos los días. Llegué a circular unos años más, luego llegaría la nueva flota que me remplazaría a mí al igual que a muchos más. Nos dejaron en aquel muladar de la universidad en donde reina el silencio y la penumbra, ese cementerio que hoy en día guarda miles de historias por contar.


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